Tal vez están un poco lejos o son muy distintos a nosotros, pero creo que lo que ocurrido este fin de semana en Japón es algo pque puede tener grandes consecuencias en el mundo entero. Por eso decidí subir parte de un artículo que realizó la Agencia Informativa Latinoamericana (PL):
La victoria del Partido Democrático de Japón (PDJ)
en los recientes comicios abrió una nueva etapa en la historia política
del país asiático.
Al ganar ayer 308 de los 480 escaños en la Cámara baja, la
hasta entonces principal fuerza opositora recibió un respaldo histórico
apreciable en el hecho de que antes de la votación sus representantes
en ese órgano sumaban 115.
Su rival vio reducir sus plazas de
300 a 119 mientras el Nuevo Komeito, aliado del grupo gobernante,
perdió 10 de las 31 que controlaba.
Pero el electorado apoyó al PDJ porque desea cambios y soluciones a problemas agravados por la crisis económica global.
La respuesta a ese pedido constituye un enorme desafío para una
organización joven, fundada a mediados de la década pasada, y que asume
el poder por primera vez, algo en lo que le acompañarán el Partido
Social Demócrata y el Nuevo Partido Popular, como socios.
Estos comicios registraron una participación histórica de votantes, superior al 69 por ciento.
Ello es reflejo del interés de los electores en una contienda que, a
partir de ahora, establece un sistema de dos partidos en Japón al sacar
del poder al PLD, luego de que éste lo controlara casi
ininterrumpidamente durante 55 años -solo lo cedió 11 meses, entre 193
y 1994-.
Al celebrar la muy pronosticada victoria, el líder del
PDJ y próximo ministro, Yukio Hatoyama, reconoció el valor de los
electores al optar por un cambio de gobierno.
Pero cabe preguntarse ¿por qué y para qué lo hicieron?
Las
razones son conocidas: la segunda economía del mundo muestra como uno
de sus peores indicadores una tasa de desempleo del 5,7 por ciento, la
más alta en la historia post bélica de Japón, con tendencia al aumento
en los últimos meses aún cuando registró una leve recuperación (0,9 por
ciento) en el segundo trimestre del año.
Los datos confirman a
la inseguridad laboral como una de las grandes preocupaciones de los
japoneses en medio de la peor recesión del país desde el fin de la
Segunda Guerra Mundial, a las que se suman crecientes desigualdades y
un sistema de pensiones al borde del fracaso.
La sociedad
japonesa enfrenta otros problemas, como el envejecimiento de la
población, lo que equivale a un mayor número de personas con pensiones,
en tanto tiende a disminuir y se espera que de poco más de 127 millones
en el 2006 descienda a menos de 100 millones para mediados de siglo.
Bajo este escenario aflora la salida del partido del primer ministro
Taro Aso del gobierno y el reto para la administración de Hatoyama,
quien prometió dar más poder a los legisladores sobre los burócratas a
fin de que los primeros tomen la iniciativa en la coordinación de las
políticas.
El PDJ también anunció ayuda para las familias con
niños y la eliminación del pago de peaje en las carreteras como medida
que debe aportar a los ingresos de los hogares y estimular la economía.
En cuanto a política exterior, dijo que promoverá una mayor
independencia de Estados Unidos, incluida una propuesta para revisar el
acuerdo que rige la presencia de militares norteamericanos en el país,
pero sin quebrar la alianza.
Las elecciones de este 30 de
agosto trajeron otros cambios. Del total de legisladores, 54 son
mujeres, 11 más que en los comicios del 2005.
Las otras fuerzas
con representación en la Cámara baja son Tu Partido, fundado por
Yoshimi Watanabe tras romper con el PLD y con cinco plazas, mientras el
Nuevo Partido Popular ganó tres. El Comunista y el Social Demócrata
retuvieron las siete que ocupaban, respectivamente.
Japón tuvo
tres primeros ministros en igual número de años, todos muy impopulares
por una apreciable falta de liderazgo e incapacidad para sacar al país
de la crisis económica.
Está por ver si Hatoyama rompe la cadena para hacer realidad el cambio prometido.






