Hoy 9 de Noviembre se conmemoran 20 años desde la caída del Muro de Berlín. Muchas preguntas nos hacemos con la distancia de los años y encontré una columna bastante esclarecedora sobre el sentir de los alemanes, 20 años después. ¿Qué ha cambiado en la mentalidad y la sociedad alemana?:
"A los alemanes que vivieron la caída del Muro de Berlín en 1989 les hubiera gustado que hoy, 20 años después, su país fuera solo uno, en todos los aspectos. Sin embargo, los esfuerzos realizados no han logrado acabar de ningún modo con la profunda brecha social, cultural y sobre todo económica entre ambas regiones.
Aquel 9 de noviembre los alemanes se abrazaban con lágrimas en los ojos, se rociaban con champán. Los occidentales recibían con plátanos a sus hermanos orientales, les mostraban fraternalmente aquello que no conocían, los acogían en su casa mientras buscaban trabajo.
La Alemania Occidental regalaba 100 marcos a cada uno de los ciudadanos de la República Democrática Alemana (RDA), que se agolpaban en las tiendas para comprar todo aquello que hasta entonces no habían podido tener: equipos de música, vaqueros, coca-cola, uñas postizas...
Pronto se introducía el “Solidaritätszuschlag” o impuesto de solidaridad, destinado a la reconstrucción de la Alemania Oriental, tasa que aún hoy se sigue pagando. Sin embargo, la ilusión del primer momento se difuminó pronto ante la montaña de problemas a afrontar.
El trabajo que había por delante era más arduo de lo imaginado: la unión monetaria, recolocación de los millones de personas que habían perdido su empleo tras el cierre o traspaso de fábricas del este, la ruina en la que se encontraban la mayoría de pueblos de la RDA.
Los “paisajes floridos” que prometió el canciller de la reunificación, Helmut Kohl, no han llegado todavía a muchos lugares del este, aquejado por un desempleo y masiva emigración de jóvenes.
Aunque las condiciones de vida se han igualado en numerosos aspectos, el rendimiento económico de los cinco estados federados de la extinta RDA sigue anclado en torno al 70% del de los 11% del oeste.
Por su parte, la tasa de desempleo sigue siendo el doble en el territorio del antiguo satélite comunista. En octubre se situó en el 11.8%, frente al 6.6% del oeste.
Según investigadores, los estados federados orientales, habitados por 14 de los 82 millones que pueblan Alemania, no alcanzarán el nivel económico de los occidentales hasta dentro de 50 años.
Los sindicatos se quejan de que si el sistema sigue siendo igual, la ex RDA no podrá desarrollarse nunca porque sigue siendo básicamente un mercado para los productos occidentales, con la diferencia de que los salarios se reducen a la mitad.
“Me gustaría poder decir que no existen dos Alemanias, pero lamentablemente no puedo”, reconoció Florian Ibrügger, estudiante de periodismo en la Universidad germano-oriental de Leipzig.
Las diferencias no son solo económicas, sino sociales y políticas. Las dificultades que atraviesa la parte oriental llevan a una radicalización de la posturas que se plasma en el crecimiento de partidos como el poscomunista La Izquierda y la extrema-derecha del partido neonazi NPD.
La Izquierda (Die Linke), liderada por el ex socialdemócrata Oskar Lafontaine y por el comunista reformado Gregor Gysi, tiene un peso grande en toda la región, lo que demuestra que gran parte de su población se sigue identificando con algunos elementos de la RDA.
Esas diferencias hacen que, según una encuesta del instituto demoscópico Forsa, casi el 20% de los alemanes occidentales, que se consideran los financiadores de la reunificación, y el 10% de los orientales quieran volver a ver el Muro.
Son sobre todo los ex ciudadanos de la RDA de más edad los que sienten una enorme falta de reconocimiento. Eran demasiado mayores para acomodarse al capitalismo y muchos nunca lo hicieron.
También los jóvenes sufrieron un enorme vacío tras la ilusión y esperanza del principio, luego de obtener la ansiada libertad. “Para mí es muy doloroso, el país en el que yo crecí ya no existe, ya no lo puedo visitar, aunque no todo fuera tan bonito. Por eso no me puedo identificar con la Alemania de hoy”, lamenta Alina Thieler, una berlinesa de 33 años".
Da para pensar, ¿no?
Extraído de LA PRENSA GRÁFICA. COM






