Reflexionando sobre mi identidad, me doy cuenta de cuantas veces he reinventado la misma, para poder llegar donde estoy.
Nací en 24.07.64 en un pueblo muy pequeño de 1000 habitantes con suerte y viento a favor, viví en el campo hasta los 10 años aprox. Con muy poca comunicación con la sociedad, por suerte somos varios hermanos y tenía con quien jugar. A los 10 años me mudé a una ciudad pequeña donde terminé la escuela primaria y la secundaria.
Así empezó una vida intensa llena de desafíos y de búsquedas, porque a decir verdad, muchas veces lo que somos no tiene que ver con nuestra esencia.
El hecho de sentirme de adaptado a los lugares donde estaba, me hacía vivir en crisis permanente, eso me llevó a una búsqueda personal muy intensa a partir del 89, donde termine viviendo en Italia; claro había que empezar por las raíces ( abuelos italianos) para poder desarrollar el resto. Me quedé casi dos años en Italia, lejos de pos grados, me capacité en adaptarme una vez más a otra cultura. Regreso a fines del 91 y entro en una crisis profunda “de identidad” Hasta entonces no sabía que eran buenas las crisis de identidad, solo vaía que mi mundo se hacía pedazos delante de mis ojos y no encontraba consuelo. Entro a trabajar en un entidad financiera financiera importante y en paralelo gestionaba muchas cosas en el plano personal, desde el yoga, bionergética, meditación etc.
Hoy les puedo contar que son buenas las crisis de identidad, porque obligan a verse y repactar con la propia vida. El año pasado me desvinculé definitivamente de una corporación, para trabajar en forma independiente.
Estoy trabajando en facilitar procesos de cambios en organizaciones y personas, desde distintos abordajes, que fuí construyendo a lo largo de mi experiencia y abierto a seguir aprendiendo siempre. Siento una inmensa gratitud a mis crisis, que me obligaron a repensarme cada vez, a las personas que me acompañaron y me acompañan en mis procesos, a mis amigos incondicionales, mi esposa y ustedes que están leyendo parte de mi historia. GRACIAS.