
Durante una catastrófica situación de emergencia como el terremoto de Haití, se producen escenas de niños heridos y vulnerables, hambrientos y asustados, que despiertan las más insospechadas emociones. Muchas personas reaccionan de forma instintiva y desean brindarles a estos niños aquello que aparentemente han perdido: seguridad, amor y cuidado familiar. En estas circunstancias, proliferan los pedidos urgentes y las ofertas de adopción... un impulso muy comprensible.
Sin embargo, la realidad, sobre el terreno, es diferente. Llevará semanas, y hasta meses, hacer un registro de los niños que han quedado solos y reunirlos con sus familias. Llevará meses identificar a los


