Me siento solo, aislado y desprotegido en mi actuar diario, real y vecinal, pero gratamente considerado e identificado a ideas globales ajenas incomprendidas; y en aterrada tertulia a peligros globales de 1.000 años más.
Tengo la cierta impresión de que todas nuestras culpas, atrocidades y desatinos son producto exclusivo de terceros.
Que la bendición de la verdad y de la fe recae solo en quienes piensan como yo.






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